miércoles, 2 de septiembre de 2015

Díos mío ¡Como quiero a esa puta!




Dios mío, libérame de las santas, ordenadas, estrictas y neuróticas; libérame de las vírgenes (que tanto daño han hecho a mi gente), puritanas, intocables, frígidas sentimentales.
Perdón, es que no soporto el orden que supedita, no soporto las reglas que han de ser más importantes que su finalidad, y si una regla no aporta libertad entonces libérame de ella.
¿Dónde están las putas?
Hay tantas putas en las antiguas parejas, los amores imposibles. Hay tantas putas, perras y zorras como dolidos por sus desventuras.
No será que las putas son mujeres que nos han dejado, que nos han herido, que tomaron la decisión de estar con otro hombre, con otra mujer; aquellas mujeres que tomaron la decisión activa en su sexualidad. No será que las putas son mujeres de valor; que han afrontado y entablado una igualdad ante la posición dominante. No será que las putas engendran; además de hijos de hombres anónimos; miedo en la sexualidad masculina. Miedo ante los poderes establecidos. Miedo a la libertad.
No será que aquellas mujeres que se han largado, que obedecen al deseo propio, que consciente o inconscientemente retan la moral; no será que las mujeres que nos atemorizan, que dibujan limites nuevos pero sobre todo que han hecho caso omiso a las privaciones del cuerpo; no será que ellas son las putas.
Si las putas son mujeres que abandonan los encierros, que establecen relaciones y se procuran la libertad; entonces deja me enamore de una puta.
Si una puta causa miedo es porque ha retado el status quo, ha enfrentado el dios falso de la doble moral. La puta no busca tu aprobación, tu cariño, comprensión, pertenencias o ninguna clase de compromiso. La puta ha mandado al carajo los preceptos masculinos ¡Vaya que da miedo!, a los hombres nos da miedo. ¡¿Como una mujer atenta contra lo que tantas guerras ha costado estructurar?!
La puta ha encontrado una clase de amor propio, desligado de lo ajeno y el reconocimiento. Un amor que puede ofrecer en muestra de riqueza, de abundancia, de comprensión y cariño por la humanidad. Pero da miedo el amor, da mucho miedo.
El amor propio no necesita de nadie o de nada; no se puede calificar en las escuelas, no amerita un salario fijo, no tiene prestaciones y no las quiere, no vive de likes o aplausos, el amor propio no se moldea y le importas poco.
Enamórate de una puta. De esa mujer que tus amigos llaman puta, a quien tus amigas muestran envidia corrosiva y critica destructiva. Esa mujer te hará sentir de manera intensa, explosiva. Tendrás el mejor sexo, te liberara de cualquier vergüenza. Puedes aprender a querer tu cuerpo, aprenderás un poco del dolor de la libertad y vivirás su abandono como un renacer. Te enseñara a cortar el cordón umbilical de las relaciones dependientes.
Hombre, deja a tu novia, esa que se pone faldas que arrastran y espera un anillo para abrir las piernas. Anda, arriésgalo todo por una puta y desabrocha su escote. Vela alejarse con otros hombres y amarlos por igual; vive el desamor y enfrenta la pena con alcohol; le hará bien a tu alma. Paga los pecados del sometimiento y aprende a soltar.
Enamórate de una puta. Son mujeres libres, amantes, independientes, luchadoras, trabajadoras, de carácter, rebeldes, revolucionarias. No vera tus errores y no se quedara amarrada a tu lado, no analizara en exceso tu ropa, tu dinero, tu calvicie. Una puta te querrá, por un momento, pero será de verdad.
Cuando una puta se va, se va y no regresa. Disfruta con ella el presente y déjala ir, aprende a irte así, como el viento que refresca tu rostro y nunca jamás vuelve.
Dios mío ¡Como quiero a esa puta!

Por José De la Serna